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Exigencia y Obesidad: Un arma de doble filo

La vida de muchas personas está dominada por la exigencia, que tiene que ver con DEBER, TENER QUE… llegar a unos determinados niveles o estándares que suelen ser muy elevados.

No bajamos de peso porque queramos mejorar nuestra salud, disfrutar más de la vida…, sino porque queremos una imagen determinada, o ponernos cierta talla de ropa. Refieren sentirse deformes, no reconocerse… y consideran que la exigencia les ayudará a “ganarle” a la obesidad, cosa que casi nunca sucede.

Dificultades de la exigencia

Desvalorización. Impide tomar y recibir.

Estamos constantemente en lo que DEBERÍA SER (no en lo que es) y nada de lo que hay nos satisface, y si lo hace es por un corto espacio de tiempo hasta que llega otro objetivo, con la sensación de que hay algo importante que no tengo y que necesito urgente y desesperadamente.

El problema aquí está en que no valoramos lo que tenemos y nos quedamos únicamente en lo que no hemos logrado, sintiéndose y desmotivados, con la sensación de vacío y de frustración.

Aplicado al tratamiento de la obesidad nos focalizaremos en lo que nos falta, en cuanto no bajemos lo que esperamos nos desmotivaremos y frustraremos con facilidad., perderemos la perspectiva del camino hecho, de cómo hemos mejorado nuestra alimentación. El resultado más factible será abandonar la dieta o aumentar aún más la exigencia.

Metas inalcanzables que llevan a la frustración.

La exigencia excesiva puede facilitar las conductas desordenadas tras una operación de obesidad. Desde la exigencia, normalmente no solemos ponernos metas sencillas y asumibles a las que podemos ir acercándonos poco a poco, sino al contrario, el ideal de lo que debería ser y de qué resultados tenemos que alcanzar.
Por ejemplo si yo me exijo bajar de peso 2 kg a la semana, la semana que baje 800 g, o incluso que no baje, ¿Cómo piensan que me sentiré? Además suele haber el añadido de “con el esfuerzo que me está costando hacer la dieta y luego no consigo nada”… Lástima que no nos demos cuenta que es nuestra exigencia y nuestras metas las que están saboteando el proceso y hacen que sea tan estricto y me frustre tan fácilmente.

Evitamos en contacto con nosotros mismos, con lo está ocurriendo y con el otro.

La exigencia nos mantiene en un estado obsesivo, en el que nos sentimos presionados para conseguir algo, para hacerlo “bien”, para no fallar… Nos desconectamos del resto, de nosotros mismos pero también del otro. Nos tratamos y tratamos a los demás como máquinas cuya única finalidad es cumplir con determinados requisitos, y esto acaba siendo lo más importante, por encima de uno mismo, del otro y de las relaciones personales.

Se desconectan de sí mismos y de los demás y todo gira en torno a su volumen corporal, a la comida, a la dieta. Y se desconectan de sus emociones, de cómo les hace sentir esa dieta, de cómo se sienten en su vida…

Dificulta relaciones con otros.

Como acabamos de mencionar en el punto anterior, cuando nos relacionamos con el otro desde la exigencia, lo hacemos desde lo que yo tendría que hacer, desde lo que el otro tendría que… o incluso desde como tendría que ser la relación (y no es).

Entonces desde aquí lo que suele ocurrir es distanciarnos del otro, ponemos una muralla y dejamos de relacionarnos, dejamos de estar presentes en la relación, en el aquí y ahora y nos vamos al ideal de cómo deberían ser las cosas.

Nos perdemos la riqueza del momento, sin poder atender a que necesito yo y que necesitas tú y nos vamos a lo que debería ser y no es.

¿En qué me ayuda la exigencia?

Nos sirve pues para poner límites al otro de lo que deseamos y lo que no. Me puede ayudar a conectarme con mis necesidades y a trasmitírselas al otro; pido lo que necesito, desde la conexión conmigo.

La parte sana de la exigencia y obesidad es el compromiso con uno mismo, con lo que uno hace y con los demás. El comprometerse firmemente con unos propósitos de manera no rígida y flexible, es muy importante en la vida para prosperar a todos los niveles. Este compromiso ha de estar siempre en contacto con mis inquietudes, limitaciones, con cómo estoy yo en este momento.

Una actitud amable hacia nosotros y hacia los demás, pero no condescendiente. Debemos tener cuidado con las excusas que nos ponemos, que es la otra cara de la moneda de la exigencia y obesidad; y que utilizamos para contrarrestarla. Por ejemplo, si nos comprometemos a cuidar nuestra alimentación y nuestro cuerpo, tan nocivo es si nos comenzamos a imponer dietas severas como descuidarnos completamente.

El cuidado y el compromiso con uno mismo son las claves para poder realizar nuestros objetivos con éxito y satisfacción.

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