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Comer emocional

Cuando llega un paciente a la consulta, una de las cosas que le pregunto de forma recurrente es qué es lo que come en un día normal. Muchos indican una alimentación que a todo profesional nutricionista le gustaría escuchar… Pero lo que llama la atención es que el día antes de asistir a la 1º consulta parecen realizar un rito en común que lo llamo “La despedida”; ¿Qué significa esto?, que el paciente al estar a horas de ser sometido a un tratamiento estricto para reducir su peso, quiere tener un último encuentro con su comida favorita, que habitualmente tiene un alto aporte de energía, pero también de grasa y carbohidratos.

Pero ¿Qué pasa cuando ese “comer emocional” se confunde con la verdadera sensación de hambre?. La ingesta que se tiene es mucho mayor a lo que estamos acostumbrados a comer y no logramos elegir qué tipo de alimento consumir que no signifique un daño.

Diferenciar el hambre físico del hambre emocional.

Hambre Físico

Se desarrolla lentamente.
Es más lenta y debe ser satisfecha.
Hay elección y conciencia de la comida.
Se da cuenta de la cantidad de alimento que va a consumir, pone altos al sentir satisfacción.
Está abierta a diferentes tipos de comida.
No hay sentimientos de culpabilidad.
Es una necesidad fisiológica.

Hambre Emocional

Se desarrolla rápidamente.
La satisfacción debe ser inmediata.
No hay conciencia, por lo que no se da cuenta de cómo, cuanto o que se está comiendo.
Demanda más alimento a pesar de estar lleno.
Prefiere alimentos específicos, generalmente antojos (carbohidratos y grasas).
Presenta sentimientos de culpabilidad.
Generalmente resultado de una situación dolorosa (emocional).

Los estilos de vida y hábitos de alimentación, son importantes en el paciente candidato a una Cirugía Bariátrica, ya que lo que come y cómo se comporta en su vida diaria, nos permitirá conocer e indicar el mejor plan alimentario para él.

¿Quiénes son más propensos?

  • Los pacientes que creen tener el control de su alimentación, compensando los alimentos que comen al otro día.
  • Los pacientes que pasan por etapas de sentimientos extremos, la comida en estos casos puede calmar la ansiedad pero por un corto plazo, pudiendo volver con más fuerza.
  • Los pacientes que viven en dietas y restricciones auto-indicadas, tienen un mayor riesgo de comer de forma más descontrolada. Y además, como van fracasando en el objetivo de bajar de peso, se asocia a pensamientos negativos y a baja autoestima.
  • Aquellos que restringen todo tipo de carbohidratos (pan, galletas, arroz, fideos, etc) tienen mayor riesgo de sufrir un período de mayor ansiedad.
  • Personas con baja tolerancia a la frustración, no logran controlarlo y caen en episodios de ansiedad asociado al fracaso.

Por lo anterior, es importante identificar la causa que nos genera el comer emocional, para poder tratarlo de manera multidisciplinar con el apoyo de los profesionales indicados.

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